Su destino de auto personalizado estaba escrito. La apariencia original de este Fiat Duna Weekend era poco seductora para su flamante dueño de 18 años, quien no tuvo que ir muy lejos para conseguir aliados en las reformas. Un padre chapista con taller propio son cosas que pueden ayudar bastante.

El tercer domingo de junio fue el día del padre. ¿Qué le habrá regalado Federico al suyo? Imaginamos que algo grande, realmente se lo merece. De no haber sido por él, sería imposible diferenciar este Fiat Duna Weekend modelo 1995 de todos los demás que andan dando vueltas por ahí. Así que vaya nuestro saludo atrasado: ¡feliz día Miguel! ¡Y gracias!.


Cuando su hijo cumplió 18 años -edad bisagra si las hay-, le entregó las llaves de la rural tal como se lo había prometido. A rigor de verdad no fue una sorpresa, pero al muchacho que vive en La Plata y estudia Comercio Internacional le importó poco ese factor. Recibió el obsequio con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja porque sabía lo que se venía: una transformación inminente y profunda. Y ojo que Federico no tiene el don de ver el futuro sino la virtud de ser sincero: “El auto original no me gustaba. Desde el principio supe que iba a personalizarlo”.

A diferencia de otras historias minadas por el prejuicio ajeno, la iniciativa de Federico prendió enseguida en su papá. Es fácil entender por qué: Miguel tiene un taller propio donde se gana la vida como chapista. Conoce muy bien el arte de cambiarle el rostro a los vehículos. Se entusiasmó de tal manera con la idea de su hijo que compró una tonelada de revistas españolas para sacar ejemplos de reformas. “Fue él el principal artífice del tuning”, cuenta orgulloso el dueño actual.

Buena parte de la mano de obra se resolvió, entonces, en familia. Empezaron atacando el exterior del auto porque podían resolverlo entre los dos. Acordaron ensanchar en chapa la carrocería alrededor de 5 centímetros. Luego personalizaron los guardabarros, los paragolpes y el capot, que muestra tomas de aire de chapa. Ese mismo material se utilizó para el soporte del alerón hecho en fibra. La búsqueda de mayor confort y mejor estética los llevó a instalar un techo eléctrico original de la Toyota RAV 4. “Fue algo realmente complicado”, desliza Federico con cara de “no sé si volvería a hacerlo”. “En términos generales, la gran contra de tunear una rural es que no se consigue nada deportivo y hay que mandar a fabricar un montón de accesorios. Eso fue lo que nos pasó, por ejemplo, con los faros traseros. Pensar que son una de las cosas más fáciles de resolver en otros modelos”.

Sin embargo, un auto con estas características también ofrece ciertas ventajas. La más evidente es el tamaño del baúl, ideal para instalar el audio. Cuando Federico levanta la tapa quedan a la vista algunos compañeros del estéreo Pioneer P8: dos subwoofers Rockford Fosgate de 12’’, cuatro Pioneer 6x9 de 460 W, dos potencias Pioneer GMX 554 y un capacitor SWX de 1.0 faradios. Leds, tubo de neón y dos iluminators condimentan la atmósfera del sector posterior.

Hubo una gran inversión depositada sobre este Fiat cuya pintura tricapa naranja tornasolado combina con un interior tapizado de cuero blanco y naranja. En plata, por ahora, la suma asciende a unos $ 25.000, pero aumentará cuando el dueño decida colocar la suspensión neumática y las llantas de 18’’. En tiempo fueron tres años de trabajo, aunque por ahí hubo semanas enteras en las que al auto no se lo tocaba. En cariño... ¿Cuál es la medida del cariño? ¿Estará escondida en la respuesta de Federico cuando le preguntamos si vendería el Duna? “De ninguna manera”, contestó. “El valor sentimental es algo que no tiene precio”.