Uno le pasó el dato de un Ford incendiado por el que pedían $ 2.000. Otra le prestó plata para que pudiera comprarlo. Un tercero se hizo cargo de la chapa y pintura. Hoy, el dueño de este fierro quiere festejar y no hace falta bajarse del auto.

Irreconocible. Así estaba este Ford Fiesta cuando Leonardo lo compró hace seis años. Un amigo le pasó el dato: “Tiene toda la trompa incendiada y debe pila de patentes, pero por $ 2.000 es tuyo”, le dijo. Y el factor dinero, como suele pasar, terminó definiendo la mano a favor del auto maltrecho. Descartado quedó el Fiat 1.500 que hasta ese momento encabezaba la lista de candidatos.

El inconfundible bombo que marca el pulso de la música electrónica nos había anunciado la llegada de Leonardo. Fanático de la “marcha”, como la llama él, vino esquivando calles porteñas en mal estado para preservar la salud de un tuning que camina 4 centímetros más cerca del asfalto que el resto de sus hermanos. Precauciones de este tipo hacen que el auto parezca recién salido de fábrica.

El hombre de 29 años pulsa el botón de “stop” del estéreo Pioneer 9.200R. El woofer Rockford Fosgate de 15’’ y doble bobina deja de tronar. Sobreviene un silencio que invita al diálogo. Leonardo trae un recuerdo: “Érica, una amiga, me prestó $ 600 para que pudiera comprar el Ford. En aquel momento, mi casa funcionaba como un taller de chapa y pintura donde le practiqué al auto los primeros auxilios. Antes que nada, me comí todos los dedos lijando el interior del motor. Después de un año y dos meses lo hice arrancar con mis propias manos. Fue una sensación incomparable. Hasta el día de hoy conservo el motor de 1.300 centímetros cúbicos que no pasa de 150 km/h. Estuve tentado de reemplazarlo por un Audi con su respectiva caja pero el precio me frenó”.


Una vez que el Fiesta volvió a la vida recibió su primer retoque estético: el color de la carrocería. De blanco pasó a ser azul gracias al trabajo de Arielo, un amigo de la casa. Hoy podemos ver que esa misma tonalidad combinada con gris decora el interior a través, por ejemplo, de la pana de los tapizados y paneles de puertas. Incluso son azules los diez tubos de neón repartidos en el habitáculo y el kit de neón bajo piso.


Al poco tiempo, Leonardo ensayó un conjunto de cambios externos: puso llantas de 14’’, bajó la suspensión del auto, alisó la tapa del baúl y colocó pestañas realizadas en chapa en las ópticas delanteras. Cuando parecía que el tuning había tomado envión, el dueño del vehículo hizo un parate que duró varios años, y recién hacia 2004 volvió a despuntar el vicio y terminó su obra de arte. Bah, lo de “terminó” es un decir: mientras charla con Pisteros se imagina cómo quedaría el techo si lo bajara unos 7 centímetros.


Hoy, el Ford utiliza un calzado más grande que en el 2000: llantas TSW Reflex de 17’’ y cubiertas Kumho 205/40/17. También crecieron, en ancho, los guardabarros delanteros (12 centímetros), los traseros (7 centímetros) y la puerta posterior (15 centímetros).

El gusto de Leonardo por lo artesanal está materializado en el alerón y en los zócalos y paragolpes moldeados en fibra. Eso no quita que se hayan tomado prestados accesorios de otros autos. Los ojos más atentos podrán descubrir iodos de Volkswagen Gol, luces de giro de Ford Focus y un techo eléctrico (“complicadísimo de adaptar”) de Peugeot 306. Para que las reformas y agregados se luzcan sin quedar cubiertas, la gráfica en vinilo proporcionada por Full Design consta únicamente de líneas delgadas.


Queremos abrir una de las puertas y chusmear el interior pero nos damos cuenta de que las manijas y cerraduras ya no están donde deberían. La apertura se efectúa ahora mediante un control remoto, para lo cual colocaron un automático de arranque de Fiat 600 dentro de la puerta. Cuando Leonardo lo acciona, queda a la vista una pista de boliche encerrada en una carrocería. “Es que la música, además de los autos, es otra de mis grandes pasiones”, se justifica el dueño.


Falta que monte la boletería y contrate un patovica. Ya puso máquina de humo, cuatro flashes rotativos importados, seis flashes comunes y luces de neón hasta en el fondo del tablero modificado. Hay tres divisores de frecuencia y tres potencias: Roadstar de 1.000 W, Boss Ava-650 y Kenwood de 800 W. Aparte del woofer que ya mencionamos, aparecen en escena cuatro parlantes Pioneer 6x9 línea pesada, dos drivers Selenium, dos tweeters Bravox y un par de parlantes de 8’’. El entretenimiento visual está a cargo de un reproductor y pantalla Napoli de DVD y de una consola Play Station 2. “Como me resisto a sacar el tubo mediano de gas que está en el baúl -dice el dueño- lo más difícil fue armar el cajón para el audio en esa parte del auto”.


Si te interesa entrar en el negocio de la noche porteña, sabé que por $ 36.000 podés tener la primera discoteca itinerante de Argentina. ¿Dónde armamos el VIP? ¿Qué tal en el techo?.